
Basílica del Pilar
El gran templo mariano de Zaragoza y la imagen más reconocible de la ciudad, con sus cúpulas y torres asomando sobre el Ebro.
La tradición cuenta que la Virgen María se apareció en carne mortal al apóstol Santiago junto al río Ebro, en el año 40, sobre una columna de jaspe (el «pilar»), pidiéndole que levantara allí una capilla en su honor. Según esa tradición sería la primera advocación mariana con templo dedicado en vida de la Virgen, y el origen del culto que da nombre a las fiestas de octubre.
El edificio actual es de estilo barroco y se construyó a partir de finales del siglo XVII, con distintos arquitectos al frente de las obras a lo largo de más de un siglo, entre ellos Francisco de Herrera el Mozo y, más adelante, Ventura Rodríguez, responsable de buena parte de su fisonomía actual con sus numerosas cúpulas.
En su interior se conserva la columna original bajo un manto que se cambia a diario, y se puede besar un fragmento de la piedra a través de una pequeña abertura en la parte posterior de la Santa Capilla. Francisco de Goya, zaragozano de adopción, pintó aquí uno de sus primeros grandes encargos al fresco, «Regina Martyrum», en una de las bóvedas menores.
También se muestran dos bombas que cayeron sobre el templo durante la Guerra Civil sin llegar a explotar, un episodio que forma parte del imaginario popular en torno a la Basílica.
Si quieres llevarte un recuerdo bonito, compra una cinta de la medida de la Virgen del Pilar: una cinta de tela de unos 40 cm con la imagen de la Virgen impresa, cuyo dibujo reproduce la altura real de la talla (unos 36,5 cm). Cuesta 1 € y se vende en la tienda de la propia Basílica, junto a la puerta baja de la plaza más cercana al Ayuntamiento. Las hay de muchos colores —azul, rosa, rojo, amarillo, morado, verde…— y con las banderas de Aragón y de España, y es tradición llevarla en la muñeca, en el bolso o colgada en el coche como símbolo de protección.


