Los Gigantes, figuras de gran altura ataviadas con trajes históricos, y los Cabezudos, con sus cabezas desproporcionadas y caras caricaturescas, recorren en comparsa distintos puntos de la ciudad durante las fiestas.
Los cabezudos son los protagonistas absolutos para el público infantil: persiguen a los niños y niñas entre el jolgorio general, en una tradición que se repite fiesta tras fiesta y que muchas familias zaragozanas viven como una cita fija.
Durante las Fiestas del Pilar 2026 la comparsa sale varios días a recorrer distintos barrios de la ciudad, dentro del ciclo "El Pilar en los barrios", además de otros paseos y recorridos puntuales de cabezudos concretos como Marcelino o el Gondolero de Puerto Venecia.
El origen de la comparsa se remonta al siglo XV, cuando el rey Alfonso V trajo la costumbre desde territorios italianos de la Corona de Aragón, aunque no está del todo claro si llegó desde Nápoles o Sicilia. Ya en el siglo XVI hay constancia de que gigantes y cabezudos acompañaban procesiones religiosas como el Corpus Christi, al ritmo de tambores e instrumentos tradicionales.
Los primeros registros detallados datan de 1807, cuando la comparsa estaba formada por cuatro gigantes —representando a un padre, una madre y sus dos hijos—, cuatro cabezudos y otras tantas figuras de caballos. En 1841 los gigantes pasaron a personificar los cuatro continentes entonces conocidos (Europa, África, Asia y América), mientras que los cabezudos de la época recibían los nombres de El Morico, El Verrugón, El Forano y El Tuerto, algunos de los cuales siguen presentes hoy en día.
En 1860 el artesano Félix Oroz renovó por completo la comparsa, ampliándola hasta ocho gigantes y ocho cabezudos e incorporando personajes que se han convertido en un clásico, como Don Quijote y Dulcinea. Décadas más tarde, el 11 de octubre de 1916, se celebró la boda simbólica de La Forana y El Forano, un episodio muy recordado dentro de la tradición popular de la comparsa.
La renovación más importante llegó en 1964, cuando los artesanos Modesto González Latorre y Armando Ruiz construyeron una nueva colección de figuras tras un incendio que dañó a las anteriores. De esa reforma nacieron Gastón de Bearn y la Dama Bearnesa, dos gigantes que representan el hermanamiento entre Aragón y la región francesa del Bearne. Ya en 1999 y 2001, Francisco Rallo y Manuel Pellicer se encargaron de rediseñar gigantes y cabezudos respectivamente, dando forma a las figuras que conocemos en la actualidad.
La comparsa ha seguido incorporando personajes con el paso de los años: en 2008, coincidiendo con el bicentenario de los Sitios de Zaragoza, se sumaron los gigantes José de Palafox y Agustina de Aragón, y en 2022, con motivo de las primeras Fiestas Goyescas, se incorporaron Francisco de Goya y Josefina Bayeu. Entre los cabezudos más recientes destacan La Pilara (2008), El Azutero (2013) y La Cigarrera (2015), que conviven con clásicos como El Torero, El Boticario o El Robaculeros.
Hoy la comparsa está compuesta por 14 gigantes de fibra de vidrio, de entre 50 y 67 kilos de peso y más de cuatro metros de altura, junto a 11 cabezudos. Además de en las Fiestas del Pilar, los gigantes y cabezudos también salen a la calle en las celebraciones de San Valero y en el Corpus Christi, y su popularidad quedó reflejada incluso en la conocida zarzuela "Gigantes y Cabezudos", que ya en su época recogía el eco de esta tradición en las fiestas de Zaragoza.
